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Denuncian tráfico
de chicas bolivianas hacia la Argentina
La semana pasada detuvieron a una mujer que, en La
Quiaca, traía a dos adolescentes con documentos falsos. Organismos de ambos
países hablan de un tráfico usual de menores y coordinan acciones para evitar el
delito.
Sibila Campos
Una mujer que dijo ser argentina fue detenida en el
límite entre Villazón (Bolivia) y La Quiaca, cuando pretendía ingresar en la
Argentina, por la fuerza, a dos adolescentes bolivianas. Las características del
caso, junto con situaciones similares recibidas en el Consulado General de
Bolivia en Buenos Aires, hacen suponer un tráfico usual de
menores.
El hecho fue detectado por la estrategia del Comité de
Integración de ese paso fronterizo, conformado por los consulados de ambos
países en Villazón y La Quiaca, las Policías, Aduanas, Defensorías de Menores,
Gendarmería y Migraciones. Se suma la Pastoral de Movilidad Humana (PMH), cuya
preocupación por el tema impulsó el control integrado en el puente
fronterizo.
"La Pastoral, con sede en La Paz, consideró que el
problema de la trata de menores está en la frontera y nos propuso trabajar en
eso", contó a Clarín Estela López, agente de la PMH en Villazón. La tarea empezó
hace un año, compartida con religiosos y laicos argentinos de La
Quiaca.
"Según la Pastoral, cada mes desaparecen entre 9 y 11
menores en el sur de Bolivia, la mayoría en el departamento Potosí" (limítrofe
con Jujuy), señaló a Clarín la cónsul argentina en Villazón, doctora Reina
Sotillo. Estela López indicó que la PMH tiene indicios de que también se estaría
produciendo tráfico de menores en la frontera Salvador Maza
(Salta)-Yacuiba.
El miércoles 5, el Comité de Integración ajustó pautas
para intercambiar información sobre menores, cuando algo llamara la atención a
los agentes. Así se frenó ese mismo día a una mujer que pretendía entrar al país
con dos chicas de 14 y 15 años, pero con documentos pertenecientes a jóvenes de
más de 20 años.
"Claramente se notaba que las chicas no se parecían a
las fotografías de las cédulas de identidad", confirmó a Clarín el fiscal de
distrito en Villazón, doctor Marco Rivadineira. Las adolescentes, que son
primas, son indocumentadas y portaban cédulas verdaderas de dos jóvenes que
viven en Betanzos, una ciudad de 15.000 habitantes a 48 kilómetros de
Potosí. Una de ellas es estudiante universitaria. "No descartamos que hayan
sacado su cédula para vendérsela a esta gente", comentó
Rivadineira.
Además de fotocopias de cédulas de otros menores, y de
una suma importante de dinero (el equivalente a unos 250.000 pesos), la mujer
arrestada llevaba un DNI argentino, pero "la foto no tiene sus rasgos
fisonómicos", señaló el fiscal. Dijo tener una casa en Betanzos y parientes en
Potosí, pero residir en Villa Celina (La Matanza), y dedicarse a reparar ropa de
los vecinos.
Afirmó que quería llevar a una sola chica, como niñera
para su hijo de 2 años, "y que ellas habían puesto como condición llevarlas a
ambas -relató Rivadineira-. Según declaró la imputada, les había prometido 400
bolivianos (161 pesos) por mes en la Argentina. Eso significa para
nosotros explotación laboral".
Betanzos está a unos 400 kilómetros al norte de
Villazón que, debido a los malos caminos, en la montaña, se recorren en 18
horas. Las chicas provienen de familias campesinas, que trabajan a
12
kilómetros del pueblo.
"Es el primer caso certificado de tráfico de menores, y
motivó la preocupación de la población y de las autoridades de ambos países",
señaló a Clarín Osvaldo Rivera Cruz, corresponsal de Radio Panamericana en
Villazón, quien estaba en el puente cuando se detectó el
hecho.
"La sospecha es que pensaban destinarlas a prostitución
-agregó el periodista-. La mujer eligió a dos niñas relativamente simpáticas y
despiertas, en relación con la gente del lugar; incluso les cambió la ropa, por
otra más moderna. Las tuvo encerradas durante tres días, incomunicadas de los
padres, antes de trasladarlas a Villazón. Los padres estaban
buscándolas".
El Consulado General de Bolivia no ha recibido denuncias
de menores bolivianas sometidas a prostitución. En cambio, van en aumento "niños
que han aparecido acá, en una situación bastante confusa", reveló el cónsul
general, José Alberto Gonzales Samaniego. En su mayoría, se vinculan con
reducción a la servidumbre, malos tratos y privación de la libertad (ver Al
Consulado...).
El martes 11, la Pastoral recibió en Villazón a una
chica de 16 años que había logrado regresar a Bolivia tras más de dos meses de
explotación. "En Oruro, al padre le dijeron que la llevarían a trabajar en
costura en Buenos Aires -contó Estela López-. La llevaron a un restorán de
argentinos, trabajando en la cocina desde las 6 hasta la
medianoche".
"Cuando se terminaba la comida, ella no comía
-prosiguió-. El padre de la mujer que la llevó ordenaba pegarle, diciendo: 'Es
sucia, es boliviana'. Tiene cicatrices de uñas en el rostro. Después de la
última paliza, la botaron a la calle". Pudo volver gracias a la ayuda de
desconocidos.
"Guardamos los datos de todas las personas que pasan por
el Consulado. Ahora tomamos la lista diaria de los niños, marcamos los casos que
nos merecen alguna preocupación, y los comunicamos a las demás instituciones",
subrayó a cónsul
Sotillo. Las medidas son nuevas, pero los agentes de las
instituciones siguen siendo los mismos. "Si hay corrupción -apuntó Estela
López-, con el control integrado se va a anular".
http://www.clarin.com/diario/2007/09/14/sociedad/s-03215.htm |